Para que las cosas salgan mal, las personas correctas tienen que estar en el lugar equivocado, para que su error tenga un efecto significativo.
Capítulo Primero: Los protagonistas se conocen.
Es increíble cómo una decisión tan pequeña puede cambiarlo todo. Azarik no lo sabía entonces, pero aquella mañana, cuando decidió sin pensarlo demasiado entrar en ese hotel, estaba eligiendo algo mucho más complicado que un simple café o un lugar bonito para sentarse: estaba eligiendo a Emir.
Azarik siempre había disfrutado salir a caminar, atraído por lo impredecible de la ciudad. La mayoría de sus mejores experiencias habían surgido sin planearlas, simplemente saliendo de casa sin saber qué esperar. Y fue así, sin buscarlo, como sus caminos se cruzaron con los de Emir.
Aquella mañana, Azarik llegó temprano y se sentó en la cafetería del hotel Mondrian, en la Condesa, entre el aroma a pan recién horneado y el murmullo bajo de los huéspedes que pasaban por ahí. Terminó su bebida lentamente y decidió salir.
Al bajar por las escaleras eléctricas, una imagen detuvo sus pasos: la entrada del hotel estaba bloqueada, rodeada de fotógrafos, micrófonos y gente queriendo entrar.
Confundido, Azarik se acercó al portero para preguntar y entender que ocurría.
—Los medios están tras alguien que se hospedó aquí y que se volvió demasiado mediático... por algún caso que siguen investigando—dijo el hombre.
Sin obtener más respuestas, Azarik volvió a la cafetería y pidió algo para desayunar. Fue entonces cuando dos hermanas se le acercaron. A pesar de ser gemelas, sus apariencias no podrían ser más distintas: Georgina, rubia y de cabello lacio, se adelantó a hablar, mientras Regina, de cabello negro y desordenado, permanecía en silencio, observando con ojos cautelosos.
—¿Sabes por qué no nos dejan salir? —preguntó Georgina.
Ella sabía lo que pasando, pero quería ver si Azarik sabía algo más.
Azarik repitió lo que le había dicho el portero.
—Qué mal que no podemos salir porque alguien asesinó a su amigo —dijo Georgina.
—No digas eso, Georgina —protestó Regina, algo incómoda.
—Regina, por favor, si no hubiera asesinado a su amigo, no habría desaparecido, una persona inocente no huye del país después de que su amigo muere, pensar que estuvimos en la misma fiesta que el asesino y ahora en el mismo hotel, me asusta.
Regina bajó la mirada, nerviosa.
—Por eso están todos esos reporteros —murmuró—, se enteraron de que el sospechoso, el que desapareció después de la fiesta, está aquí, que volvió a la ciudad.
Azarik frunció el ceño, confundido.